La Diferencia Entre Consentir y Chiquear: Consejos de Mi Mamá

Escrito por: Cristina Moreno, Especialista Bilingüe de Divulgación Comunitaria, Penfield Children’s Center

Admito que soy una de las personas que se molesta un poco cuando alguien que no conozco bien me trata de aconsejar sobre como criar a mi hijo, pero si escucho atentamente cuando el consejo viene de parte de una persona quien conozco y en quien confió, tal como mi mamá. Mi mamá crio cuatro hijas y ha cuidado de seis, ahora siete, nietos, así que yo diría que ella tiene un buen conocimiento cuando se trata de criar a los hijos. Una de las cosas que más aprecio de mi mamá es que aunque ella ofrece muchos consejos, le gusta estar al corriente de nueva información y también escuchar lo que yo le platico. Ella no está aferrada a la manera que ella crio a sus hijos ni actúa como si sintiera que su forma de hacer las cosas es la manera como debe de ser. Aun cuando no estamos exactamente de acuerdo, ella respeta mis decisiones y a la vez ofrece un punto de vista alternativo, el cual seguido es lógico. Yo respeto a mi mamá inmensamente, y por esa razón, la mayoría del tiempo yo tomo sus consejos.

Uno de los mejores consejos que ella me ha dado resulto de una conversación que tuvimos un poco después de que nació mi hijo. En las primeras semanas después de que me dieron de alta del hospital y él permanecía en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, mi mamá me llevaba al hospital todos los días y se quedaba conmigo durante horas. En una de esas ocasiones estábamos platicando como siempre cuando exprese que sentía que no tenía idea de cómo criar a un hijo, mucho menos un varón. Algo importante para mí esposo y yo es que queremos que nuestro hijo sea un adulto independiente, pero que siempre mantenga un fuerte vínculo con nosotros y compromiso a pasar tiempo con su familia. Queremos que aprecie las cosas simples y que sienta que tuvo una niñez amorosa y segura, y que crezca a ser una persona respetosa, humilde, responsable, y cariñosa. Le exprese esto a mi mamá y le dije que me preocupaba porque no sabía cómo distinguir entre darle una vida feliz y libre de preocupaciones sin chiquearlo demasiado.

“¿Tú crees que te chiqueamos?” me pregunto mi mamá. No, nunca había sentido eso.

“¿Te sentiste querida, segura, y cuidada?” ella continuo. Sí, claro que sí.

“¿Te dimos todo lo que querías?” No.

“¿Tenias todo lo que necesitabas y quizá un poquito más?” Si.

“¿Te enseñamos que eras más importante que otras personas?” No.

“¿Te hicimos sentir que eras alguien especial?” Si.

Mientras que mi mama continuaba, yo comencé a recordar todo a lo que se refería. Todos los momentos diarios que nos formaron a mí y a mis hermanas, y de extensión a nuestras propias familias. El ánimo para tratar cosas nuevas y encontrar éxito por nuestra propia cuenta, pero también la ayuda cuando nos hacía falta. El amor y atención que nos hacía sentir especial pero aun nos enseñaba que ninguna persona era más ni menos que otra. Las cosas de que hablaba no eran ninguna fórmula secreta de los padres, y cuando lo dijo se me ocurrió que todo era sentido común, pero antes de ese momento nunca había podido distinguir que era lo que marcaba esa línea invisible entre ser un padre cariñoso y uno quien mima a su hijo. Mi mamá lo pudo expresar perfectamente usando palabras que había escuchado muchas veces anteriormente, chiquear y consentir. Chiquear es el ceder a todos los caprichos de su hijo, hacer todo lo posible para que ellos estén contentos aun cuando se están comportando de una manera irrazonable, y dejarlos continuar con comportamientos que de otra manera serian inapropiados. Consentir literalmente es decir si, pero se usa como una palabra para expresar hacer algo por otra persona de una manera cariñosa. Por ejemplo, si hiciera algo especial para mi hijo porque no se está sintiendo muy bien, o simplemente porque él me lo pidió de una manera respetosa, eso sería consentirlo. Al contrario, si mi hijo hiciera un berrinche por que no compre el sabor de helado que él prefiere y yo corría a comprárselo, eso sería chiquearlo. Como dije, este consejo no es nada del otro mundo, pero por algún motivo me hizo falta escucharlo explicado con palabras tan simples y conocidas para poder finalmente comprenderlo por completo. Consentir tiene que ver con reforzar el comportamiento positivo y dar atención positiva, premiando el buen comportamiento con muestras de amor y afecto, aunque quizá no necesariamente algún bien material. Chiquear frecuentemente involucra animar los comportamientos que sabemos que deberían ser animados, ya sea con un premio verdadero, tal como el caso de ceder a comprar el helado que su hijo quiere aunque su comportamiento no lo merezca, o simplemente elegir no llamarles la atención cuando hacen algo que no deberían. Mientras que ningún acto singular de chiquear a un niño le va hacer daño particular, continuar esta costumbre durante su infancia y adolescencia puede tener consecuencias negativas. La repetición de estas acciones, tan insignificantes como aparenten, pueden causar que ellos sienten que tienen el derecho a algo que no hicieron nada para merecer y probablemente no aprecian, y puede causar que sientan que las reglas no aplican a ellos. Es natural querer darles a nuestros hijos lo mejor que podemos, pero hacerlo de una manera saludable, sostenible, y cariñosa será mejor para ellos, y su relación, al largo plazo.

 

¿Cómo logra un balance para poder consentir sin chiquear?

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